
A 500 años de la caída de Tenochtitlán, Hernán Cortés sigue siendo un campo de batalla política entre México y España
Yusmary CocciaCinco siglos después de la captura de México-Tenochtitlán, la figura de Hernán Cortés continúa generando disputas diplomáticas y políticas entre México y España.
El más reciente episodio de esta larga controversia tuvo lugar en los últimos días, cuando la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, intercambiaron declaraciones sobre el papel del conquistador y la herencia de la hispanidad en territorio mexicano.
La presidenta de México, al igual que su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, han sostenido una opinión muy crítica del conquistador español durante sus respectivos gobiernos, calificando al personaje con adjetivos como "cruel" e "invasor".
Por su parte, la visita de Díaz Ayuso a México entre el 4 y el 8 de mayo, reavivó las tensiones al proponer una reivindicación de la figura de Cortés y rechazar lo que calificó como la promoción del "odio" hacia la historia compartida. "Es incomprensible que todavía haya quien quiera vivir de ello", declaró la dirigente madrileña en Ciudad de México.
La respuesta de Sheinbaum no se hizo esperar y expresó "fíjense, el poco conocimiento de las historia de España de esta mujer (...) ¿Qué piensan ellos? Que hay que adorar a Hernán Cortés, que se caracterizó por ordenar matanzas".
Nacido en Extremadura, en 1485 Cortés se lanzó a la aventura en las tierras del Nuevo Mundo. Con 19 años, el joven abandonó sus estudios de leyes en Salamanca para hacerse un nombre a través de la exploración y las armas.
Sin embargo, los historiadores advierten que la imagen de Cortés como el conquistador solitario de México es más una construcción publicitaria del propio personaje que una realidad histórica.
"Hay que entender que Cortés sin duda fue uno de los protagonistas, pero no fue el protagonista, sino que fue realmente una constelación de personajes indígenas e hispanos que participaron en ese complejísimo proceso de negociación política, militar y cultural", explicó para el medio BBC el historiador Martín Ríos Saloma, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Según los especialistas, el ejército de Cortés estaba compuesto en un 99% por indígenas. "La conquista, en realidad, la realizaron los grupos mesoamericanos enemigos de Tenochtitlán, no porque estuvieran sometidos, como afirma Díaz Ayuso, sino por las lógicas propias de la guerra en las sociedades mesoamericanas", explica Ríos Saloma.
Cortés, que zarpó de Cuba en 1519 con unos 450 hombres, algunos caballos y artillería, supo tejer alianzas estratégicas con pueblos enemigos de los mexicas, particularmente el señorío de Tlaxcala, que se convirtió en su brazo militar más importante. Al momento del asedio final a Tenochtitlán, la fuerza indígena aliada llegó a cifrarse en 100.000 hombres, frente a apenas 950 españoles.
Varios episodios particularmente violentos marcan la campaña de Cortés y alimentan la visión de sus detractores. Uno de ellos ocurrió en Cholula, un importante centro ceremonial donde, según el propio Cortés, en una carta enviada al entonces rey Carlos I de España, murieron 6.000 personas.
"Cholula era un lugar importantísimo, un santuario muy reconocido en toda Mesoamérica, y su conquista enviaría una señal clara sobre quién detentaba el poder político", señala Ríos Saloma.
Otra gran masacre ocurrió en mayo de 1520 durante la fiesta de Tóxcatl en el Templo Mayor de Tenochtitlán, donde los hombres de Pedro de Alvarado asesinaron a cientos de indígenas desarmados.
Para historiadores como Ríos Saloma, estas disputas polarizadas pierden de vista la complejidad del encuentro entre dos civilizaciones. "Hay que asumir que el actual México es resultado de la interacción, a lo largo de varios siglos, de dos civilizaciones: la civilización hispana, nutrida por la tradición greco-latina, romano-árabe-islámica; y la civilización mesoamericana en toda su complejidad".





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