
Una borrasca invernal en mayo pone en alerta a siete comunidades

La primavera española ha decidido interrumpir su curso habitual para ceder el protagonismo a un escenario meteorológico más cercano al mes de marzo. La interacción de una borrasca atlántica situada al oeste de Portugal, sumada a la irrupción inminente de una masa de aire polar, ha activado las alarmas en gran parte del país.
Durante las próximas jornadas, el territorio peninsular se verá sometido a un régimen de precipitaciones intensas, tormentas eléctricas y un desplome de los termómetros que devolverá el ambiente invernal a ciudades que ya rozaban los valores estivales.
Este martes se presenta como la jornada de máxima expansión de la inestabilidad. Los chubascos han comenzado a barrer el mapa desde Extremadura y Castilla y León, extendiéndose hacia el centro peninsular y Madrid. Sin embargo, la preocupación de los expertos se centra en el cuadrante nordeste.
Según los modelos de predicción, la intensidad de los fenómenos aumentará drásticamente en Galicia, Navarra, La Rioja y la Comunidad Valenciana, donde el granizo y las rachas de viento de gran velocidad podrían comprometer la seguridad en el exterior y las infraestructuras locales.
El mapa de riesgos actual sitúa a siete comunidades autónomas bajo vigilancia estricta. Cataluña lidera la preocupación con un aviso de nivel naranja por riesgo importante, especialmente en el prelitoral de Barcelona y la depresión central, donde las acumulaciones podrían pulverizar los 40 litros por metro cuadrado en apenas una hora.
Simultáneamente, Aragón, Castilla y León, Navarra, el País Vasco y La Rioja mantienen el aviso amarillo, con registros previstos de hasta 20 litros. Por su parte, en el sur, Almería vigila con cautela rachas de viento que rozarán los 70 kilómetros por hora.
Este fenómeno se enmarca en un patrón de variabilidad climática que, aunque no es inédito en mayo, destaca por la severidad del aire frío en altura. La configuración atmosférica actual facilita la formación de sistemas tormentosos organizados que no solo traen agua, sino que reintroducen la nieve en las cumbres montañosas.
Los Pirineos esperan acumulaciones significativas en cotas medias y altas, un respiro hídrico para las cuencas del norte, pero un desafío para la movilidad en zonas de montaña que ya daban por finalizada la temporada de heladas.
A partir del jueves, la inestabilidad se desplazará hacia el tercio norte debido a la entrada de un flujo de aire ártico que será el responsable del golpe térmico definitivo. Se espera que los termómetros marquen valores hasta 10 grados inferiores a la media climática de esta época.
El viernes se perfila como la jornada más gélida, con máximas que en Burgos, Soria o León apenas alcanzarán los 14 o 15 grados. En el interior, ciudades como Guadalajara o Cuenca verán cómo el mercurio se desploma hasta los 16 grados, obligando a recuperar la ropa de abrigo en pleno ecuador de mayo.
El descenso no solo afectará a las horas diurnas; las madrugadas del viernes y el sábado serán especialmente crudas. Con mínimas que caerán por debajo de los 6 grados en gran parte de la meseta y el norte, el riesgo de heladas tardías amenaza nuevamente a los cultivos del interior peninsular.
Mientras el sur y el litoral mediterráneo lograrán retener valores cercanos a los 25 grados, el resto de España se prepara para un fin de semana de cielos encapotados y un frío persistente que posterga, una vez más, la llegada definitiva del calor.
Con información de La Razón


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