La risa infantil activa el desarrollo y la brillantez del cerebro

Investigadores británicos demuestran que el humor en la primera infancia reduce el cortisol, estimula la neuroplasticidad y fortalece los vínculos afectivos
Actualidad Camila Vera
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El estudio del desarrollo neurológico en las primeras etapas de la vida ha encontrado un indicador clave en la risa de los más pequeños. Un grupo de investigadores del Reino Unido ha determinado que las carcajadas en la primera infancia constituyen un reflejo directo de la actividad cognitiva avanzada.

La doctora Jacqueline Harding, directora de Tomorrow's Childexperta en educación infantil y miembro académico de la Universidad de Middlesex, sostiene que propiciar entornos alegres para los menores consolida conexiones emocionales profundas, estabiliza el sistema nervioso y eleva los niveles de resiliencia frente a los estímulos del entorno, según un análisis que expone el medio El Economista.

La base científica de estas afirmaciones se encuentra desarrollada en la obra de la especialista titulada 'El cerebro que ama reír', donde recopila evidencias sobre cómo las interacciones lúdicas estimulan un crecimiento biológico saludable.

Desde una perspectiva fisiológica, este fenómeno se manifiesta de forma temprana, incluso antes de que los infantes desarrollen las estructuras del lenguaje hablado.

Al producirse la risa, se pone en marcha un entramado que abarca desde las zonas motoras hasta la corteza prefrontal, regulando la frecuencia respiratoria y reduciendo de forma drástica la presencia de hormonas vinculadas a la tensión, como el cortisol y la adrenalina.

Respuestas cognitivas 

A través de herramientas avanzadas de diagnóstico médico, los ensayos clínicos de neuroimagen reflejan que el sentido del humor demanda un proceso analítico complejo que estimula la flexibilidad neuronal.

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Esta dinámica obliga a las estructuras cerebrales a evaluar variables contrapuestas y resolver pequeñas incongruencias del entorno, sirviendo como un entrenamiento diario que optimiza la memoria de trabajo y las funciones del lóbulo frontal.

Las evaluaciones publicadas en el portal Infosalus de Europa Press, contrastan estos beneficios con los perjuicios que ocasiona el desamparo prolongado, una condición que altera el sistema inmune y eleva la vulnerabilidad psicológica durante el crecimiento.

La transición desde el acompañamiento de los cuidadores hacia la autonomía del menor depende en gran medida de este soporte químico y afectivo. La interacción coordinada entre un adulto receptivo y el niño proporciona un marco de referencia que el niño interiorizará para gestionar sus propias emociones en el futuro.

Por este motivo, los expertos sugieren una revisión profunda de los modelos pedagógicos actuales en las escuelas infantiles, promoviendo la inclusión deliberada de dinámicas lúdicas que eleven los índices de retención académica.

Este intercambio de experiencias positivas genera un impacto bidireccional que protege la salud mental de los progenitores. Las dinámicas de esparcimiento compartido incrementan la segregación de oxitocina, propiciando una sincronización en las ondas cerebrales de ambos participantes.

Los datos recogidos en las publicaciones de La Razón indican que la atención mutua, el contacto visual sostenido y las actividades compartidas actúan como un factor de protección contra el desgaste parental y el agotamiento crónico, demostrando que el juego espontáneo interviene positivamente en la bioquímica molecular del núcleo familiar.

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