
Desigualdad en países ricos lastra la salud y educación infantil, según Unicef

La opulencia de los países desarrollados no garantiza un desarrollo equitativo para su población más joven. Un reciente análisis de la Oficina de Estrategia y Evidencia de Unicef revela una correlación directa y alarmante: la desigualdad económica en los Estados ricos deteriora gravemente la salud física y el rendimiento académico de los menores.
El informe, titulado Report Card 20: Oportunidades desiguales, examina a 44 naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y de altos ingresos, concluyendo que los niveles de pobreza infantil se mantienen en umbrales "persistentemente elevados" a pesar de la riqueza macroeconómica.
En promedio, el estudio arroja una brecha social profunda: los hogares situados en el quintil superior de ingresos perciben más de cinco veces lo que ganan las familias del quintil más bajo.
Esta disparidad se traduce en que uno de cada cinco niños en estos países vive en situación de pobreza económica, enfrentando carencias en necesidades básicas que condicionan su futuro.
En este mapa de la desigualdad, España arroja datos preocupantes: ocupa el puesto 26 de 40 en desigualdad de ingresos y cae hasta la posición 37 en cuanto a niveles de pobreza infantil, evidenciando una debilidad estructural en sus políticas de protección a la infancia.
El impacto físico de esta brecha es nítido. Según Unicef, los niños que crecen en sociedades con mayores distancias sociales tienen 1,7 veces más probabilidades de padecer sobrepeso. Este fenómeno no es accidental; responde a una alimentación de menor calidad y a la omisión de comidas por falta de recursos.
Los datos de la Unión Europea refuerzan esta tesis: mientras el 73% de los niños de familias ricas gozan de una salud excelente, solo el 58% de los menores en el quintil inferior de ingresos alcanza ese estado de bienestar.
La educación, motor de movilidad social, también se ve comprometida. El informe señala que los menores en entornos con alta brecha de ingresos tienden a obtener resultados académicos inferiores.
En concreto, la probabilidad de abandonar la escuela sin competencias básicas en lectura o matemáticas asciende al 65% en países desiguales, frente al 40% en sociedades con mayor equidad.
Bo Viktor Nylund, director del Centro Innocenti de Unicef, advierte que la desigualdad "afecta profundamente a la forma en que los niños aprenden, a lo que comen y a cómo ven la vida".
En el contexto actual de España, la magnitud de la brecha educativa es especialmente visible. El país se sitúa en el puesto 14 de 41 en cuanto a la diferencia de dominio básico de materias fundamentales entre los hogares más pudientes y los más vulnerables.
A los 15 años, el 83% de los jóvenes de familias con altos ingresos posee competencias matemáticas y lectoras sólidas, una cifra que se desploma hasta el 42% en el quintil inferior. Esta realidad subraya la urgencia de desvincular el éxito académico del código postal y la cuenta bancaria de los progenitores.
Ante este escenario, Unicef insta a los gobiernos a implementar reformas urgentes. Entre las medidas propuestas destacan el fortalecimiento de las prestaciones familiares, la inversión en viviendas subvencionadas y la mejora de infraestructuras en barrios desfavorecidos.
Asimismo, se propone combatir la segregación socioeconómica en las escuelas y garantizar comedores escolares saludables. El organismo internacional insiste en que mitigar los efectos de la desigualdad no es solo un imperativo moral, sino una inversión necesaria para la estabilidad futura de las naciones ricas.
Con información de Europa Press


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