Tarragona instala barreras para frenar toneladas de plásticos en sus playas

Ematsa amplía la red de protección en Tarragona para evitar que toneladas de plásticos y toallitas lleguen al Mediterráneo durante las lluvias intensas de 2026
Actualidad Sala de redacción
tarragona-redes-retencion-plasticos-alcantarillado-limpieza-playas|Foto: Marc Bosch
tarragona-redes-retencion-plasticos-alcantarillado-limpieza-playas|Foto: Marc Bosch

La lucha contra la contaminación marina en el litoral catalán ha encontrado un aliado tecnológico en el subsuelo de Tarragona.

La Empresa Municipal Mixta de Aguas de Tarragona (Ematsa) ha ejecutado una ambiciosa ampliación de su sistema de filtrado, instalando nuevas redes de retención en cuatro sobreelevadores clave.

Con esta maniobra, la capital tarraconense alcanza ya los nueve puntos críticos equipados, duplicando su potencial de captura de desechos sólidos.

El objetivo es claro: establecer un muro de contención que impida que plásticos, toallitas y otros residuos urbanos degraden las playas de la Arrabassada y el Miracle durante los episodios de lluvias torrenciales.

Esta infraestructura no es de poca importancia si se analizan las cifras de los últimos 12 meses. Durante el ejercicio de 2025, los puntos de control ya operativos lograron interceptar 27,3 toneladas de basura, lo que supuso un incremento del 46% en comparación con el año anterior.

La efectividad del dispositivo ha quedado demostrada tras un ciclo de sequía roto por precipitaciones de alta intensidad, donde las redes actuaron como salvaguarda hidráulica.

En los primeros meses de 2026, el sistema ya ha conseguido retirar 10 toneladas de materiales que, sin estas barreras, habrían terminado flotando en las aguas del Mediterráneo.

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Técnicamente, el sistema se basa en 65 redes distribuidas estratégicamente en sobreelevadores que actúan como aliviaderos de seguridad.

En momentos de colapso por tormentas, estas mallas atrapan hasta 100 kg de residuos por unidad, filtrando el agua antes de que sea derivada hacia cauces autorizados como el río Francolí.

Los puntos con mayor refuerzo incluyen zonas críticas como la Avenida Roma y Sant Pere y Sant Pau, donde se han instalado hasta 10 redes por ubicación para gestionar el volumen de sedimentos y sólidos que arrastra la escorrentía urbana.

El impacto ambiental de este proyecto, que comenzó como un piloto en 2020, se complementa con la labor de las Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR).

Según los registros de Ematsa, en 2025 se gestionaron más de 132 toneladas de residuos sólidos en las plantas de tratamiento de la ciudad.

Sin embargo, el coste operativo es notable: el mantenimiento y la limpieza de estos sistemas supusieron una inversión superior a los 210.000 euros en el último año, una cifra que refleja la complejidad técnica de lidiar con residuos impropios que nunca deberían llegar al desagüe.

La gestión de residuos en origen se ha convertido en la prioridad de las ciudades costeras europeas bajo el marco de la Agenda 2030.

Tarragona se sitúa a la vanguardia de estas políticas en España, integrando soluciones de ingeniería que mitigan el impacto de las toallitas higiénicas, las cuales representan el principal riesgo de avería en las estaciones de bombeo y el mayor componente de contaminación visual en las playas tras los temporales.

Hacia el futuro inmediato, el plan de expansión para 2026 contempla la instalación de tres nuevos puntos de retención, incluyendo un sistema de refuerzo en la Plaza dels Carros para proteger la Part Baixa de la ciudad.

A pesar de los avances técnicos, desde Ematsa se hace un llamamiento a la concienciación: la infraestructura es una medida de choque, pero la verdadera solución reside en la responsabilidad individual.

Cada residuo que no se deposita en el inodoro ahorra miles de euros en mantenimiento y garantiza que el ecosistema marino tarraconense permanezca libre de plásticos.

Con información de Diari de Tarragona 

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