
El hurto dispara las pérdidas en supermercados hasta los 2.170 millones

El sector del gran consumo en España enfrenta una crisis silenciosa que ya se refleja con crudeza en sus balances financieros. Lo que antes se consideraba una pérdida residual ha mutado en un desafío sistémico: el importe de los hurtos en establecimientos comerciales se ha disparado un 60%, generando un impacto económico que supera los 1.660 millones de euros.
Este repunte, el más alto registrado en la serie histórica, está obligando a las principales cadenas de distribución a transformar sus tiendas en búnkeres tecnológicos para salvaguardar sus márgenes de beneficio.
Bandas organizadas y el impacto interno
La problemática, sin embargo, es más profunda de lo que sugieren las estanterías vacías. Según el informe elaborado por NIQ, en colaboración con Checkpoint Systems y la Asociación de Empresas de Gran Consumo (Aecoc), el agujero total se eleva hasta los 2.170 millones de euros si se computan los hurtos internos cometidos por los propios empleados.
Este escenario revela una vulnerabilidad dual; por un lado, la presión de bandas organizadas y delincuentes multirreincidentes y, por otro, la quiebra de la confianza en los procesos operativos internos.
Por su parte, el responsable de Prevención de Pérdidas de Aecoc, Alejandro López, subraya que no solo se trata de un daño patrimonial, sino de una preocupante degradación de la sensación de seguridad en el espacio público.
El escudo tecnológico: RFID e Inteligencia Artificial
Ante esta escalada, el sector ha pasado a la contraofensiva mediante la digitalización de la vigilancia. El 35% de las compañías ya ha implantado etiquetas de identificación por radiofrecuencia (RFID), un sistema que permite el rastreo individualizado de productos mediante microchips.
No obstante, la verdadera frontera se sitúa en la inteligencia artificial (IA); un 39% de las empresas planea integrar soluciones algorítmicas para predecir comportamientos sospechosos en zonas críticas como las cajas de autopago y las salas de ventas.
La correlación es matemática: las empresas que logran mantener sus pérdidas por debajo del 0,75% de su facturación aplican una media de 8,5 medidas de seguridad por centro, superando ampliamente a aquellas con menor inversión tecnológica.
El aceite de oliva: el nuevo objeto del deseo
La lista de productos más sustraídos ofrece un termómetro preciso de la realidad socioeconómica de España. El aceite de oliva se ha consolidado como el producto estrella del hurto, impulsado por la inflación histórica que sufrió entre 2022 y 2024.
Junto al "oro líquido", destacan artículos de alto valor unitario y fácil reventa en mercados negros, como conservas gourmet, ahumados, jamones ibéricos, vinos de alta gama y fragancias. Este patrón confirma que el hurto ha dejado de ser una actividad de subsistencia para convertirse, en muchos casos, en un negocio de lucro para estructuras criminales.
Un invierno de alta tensión comercial
El repunte de estos delitos no es uniforme a lo largo del año. Los meses invernales, marcados por la campaña navideña, concentran el 29% de los incidentes anuales, un fenómeno propiciado por las grandes aglomeraciones y la saturación del personal de tienda.
Este período crítico actúa como un catalizador que eleva la denominada "pérdida desconocida" —que incluye también errores de gestión administrativa— hasta los 2.817 millones de euros.
El desafío de la multirreincidencia
La industria confía ahora en que las reformas legislativas contra la multirreincidencia surtan efecto. Mientras tanto, el coste de la seguridad sigue incrementándose; el 22% de las cadenas ha aumentado sus recursos económicos destinados exclusivamente a la vigilancia.
El director comercial de Checkpoint Systems, Carlos Cruz, advierte que el reto actual reside en identificar los patrones de vulnerabilidad en un entorno donde los infractores aprovechan el anonimato de las puntas de consumo para actuar con total impunidad.
Con información de El Economista


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