
Corona británica: el expríncipe Andrés desafía a Carlos III y desata una batalla interna

La asistencia de las princesas Beatriz y Eugenia de York al enlace matrimonial de su primo, Peter Phillips, con Harriet Sperling el pasado 6 de junio, generó sorpresa en el entorno británico.
Las hermanas acudieron a la iglesia de Todos los Santos en Kemble acompañadas por sus respectivos esposos. Sin embargo, lo que parecía un simple compromiso familiar escondía una maniobra detallada.
Según revela el diario Daily Mail, la presencia de las aristócratas formó parte de un intento planificado por reafirmar su posición institucional tras los constantes escándalos financieros y personales que involucran a sus progenitores.
Correos internos y la orden de resistir
Detrás de este movimiento se encuentra el expríncipe Andrés. El rotativo británico confirma que, ante las dudas de las hermanas sobre si acudir al evento, su padre les envió un correo electrónico categórico donde las instaba a asistir y a "mantener la cabeza bien alta".
Analistas de la prensa internacional interpretan este hecho como una señal de que el exduque, a pesar de haber sido privado de sus funciones oficiales, continúa presionando activamente para que su descendencia conserve los privilegios nobiliarios y sostenga la influencia de la Casa de York en la corte.
Andrés Mountbatten-Windsor mantiene un profundo malestar con su hermano, el rey Carlos III, al considerar que ha sido transformado en el "chivo expiatorio" de la institución.
Tras ser desalojado el pasado febrero de la residencia de Royal Lodge, el aristócrata reclama cientos de miles de libras a la Corona y exige una compensación económica para su exesposa, Sarah Ferguson, quien también abandonó el inmueble y fijó su residencia fuera del Reino Unido.
Un aislamiento institucional evidente
Los intentos de acercamiento por parte del expríncipe han sido sistemáticamente rechazados por el monarca. Las peticiones de audiencia privada han sido ignoradas y Carlos III no ha visitado la nueva vivienda de su hermano en Marsh Farm.
Esta distancia se hizo visible en la boda de Peter Phillips, donde las princesas no saludaron al rey Carlos, ya que los monarcas ocupaban sus asientos antes de la llegada de las jóvenes.
Posteriormente, el traslado inmediato de Carlos y Camila en helicóptero hacia el Derby de Epsom anuló cualquier posibilidad de diálogo.
Este enfrentamiento coincide con un período de estricta reestructuración en la monarquía británica, donde el monarca busca reducir los gastos del núcleo real y limitar los beneficios de los miembros de la familia que no ejercen funciones de representación oficial.
La presión sobre Beatriz y Eugenia se ha incrementado debido a las investigaciones sobre la procedencia de la fortuna familiar y los vínculos con Jeffrey Epstein.
Adicionalmente, el soberano cuestiona el uso gratuito que las princesas hacen de residencias oficiales como el Palacio de St. James y el Palacio de Kensington, intentando promover su mudanza.
Aunque existen sectores que solicitan su exclusión de la línea sucesoria, el monarca mantiene gestos de tregua, como la orden de anunciar de forma oficial el tercer embarazo de Eugenia.
No obstante, las tensiones persisten tras la negativa de la rama York a someter sus finanzas a una auditoría ética solicitada por el príncipe Guillermo.
El empeño por el trato protocolario
A pesar de la pérdida de sus distinciones, el comportamiento de Andrés dentro de su ámbito privado denota una resistencia absoluta a perder su antigua condición.
El entorno del aristócrata confirma que exige a los tres empleados que integran su servicio personal que se dirijan a él bajo el tratamiento de "señor" o "Duque".
Los reportes locales indican que el exduque recuerda frecuentemente a sus trabajadores su linaje directo con monarcas británicos y sus conexiones dinásticas con los tronos de Grecia y Dinamarca.
Con información de Hola.com


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