
Noruega: el hijo de Mette-Marit seguirá en prisión por riesgo de reincidencia

La comparecencia de Marius Borg Høiby, hijo de la princesa de Noruega, en la sala 127 del Tribunal de Oslo se saldó con un dictamen contundente. El juez Hans Nikolai Førde ha desestimado la petición de los príncipes Haakon y Mette-Marit para que cumpliera la prisión preventiva en la finca de Skaugum bajo vigilancia telemática, subrayando que "el riesgo de repetición es significativo", apoyándose en las cuatro detenciones previas del acusado antes de su ingreso formal en prisión.
Los argumentos de la defensa, que incluían la salud de la princesa heredera y las deficientes condiciones ambientales del centro penitenciario, no han sido suficientes para contrarrestar el historial de detenciones y la gravedad de los 38 cargos que enfrenta el joven.
Un historial de arrestos que bloquea la libertad
La justicia noruega ha puesto especial énfasis en que Høiby presuntamente quebrantó órdenes de alejamiento contra una de las víctimas mientras ya pesaban acusaciones similares sobre él. Para el magistrado, permitir su regreso a la finca real —lugar donde supuestamente se cometieron algunos de los delitos durante diversas celebraciones— supondría otorgarle acceso a dispositivos electrónicos que facilitarían nuevos contactos prohibidos con los denunciantes.
Uno de los momentos más tensos de la audiencia se produjo cuando el acusado vinculó su deseo de salir de la cárcel con la enfermedad de su madre. Marius Borg alegó que la princesa Mette-Marit, quien padece una fibrosis pulmonar crónica, tiene serias dificultades para visitarlo en el centro penitenciario debido a la "mala calidad del aire y el moho" de un edificio tan antiguo.
Ante el cuestionamiento directo del juez sobre si se refería específicamente a la futura reina consorte, el joven asintió, intentando utilizar la fragilidad física de la princesa —que actualmente requiere oxígeno en actos oficiales— como salvoconducto para su arresto domiciliario en Skaugum.
Durante su intervención, Høiby describió un panorama de soledad extrema en su celda, asegurando que solo recibe un par de visitas semanales de una hora. "Es bastante duro no tener interacción social", confesó ante el tribunal, mencionando síntomas como temblores, insomnio y pérdida de apetito derivados del aislamiento.
Su abogado, René Ibsen, aclaró que este régimen de incomunicación responde al protocolo de seguridad estándar para presos acusados de delitos de naturaleza sexual. Marius intentó convencer al tribunal de su rehabilitación personal respecto al consumo de sustancias: "Ese es un capítulo cerrado en mi vida", afirmó, aunque el juez mantuvo sus reservas dadas las violaciones previas de las medidas cautelares.
La defensa de Marius Borg basó su estrategia en el artículo 184 de la Ley de Enjuiciamiento Penal de Noruega, recientemente reformada. Esta normativa permite conmutar la estancia en prisión por un arresto con tobillera electrónica si existe acuerdo de todos los adultos que conviven en el domicilio.
A pesar de contar con el visto bueno explícito de los príncipes herederos, el magistrado consideró que el entorno real no garantiza la seguridad de las víctimas ni evita que el procesado continúe con el patrón de conducta que le llevó a juicio. El fallo representa un duro golpe para la Casa Real, que aspiraba a gestionar la crisis de forma privada dentro de sus muros.
El caso de Marius Borg Høiby ha sumido a la monarquía noruega en su mayor crisis reputacional de las últimas décadas. Con 38 cargos a sus espaldas, incluyendo delitos graves y de naturaleza sexual, el juicio ha durado siete semanas y espera una sentencia definitiva para el próximo mes de junio.
Con información de Hola.com





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