
Atentado en Washington es el tercer magnicidio frustrado: Trump lo vincula con un "odio anticristiano"

Tras el tiroteo del pasado sábado 25 de abril en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCA), el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, quien fue evacuado por el Servicio Secreto tras escucharse disparos en el hotel Washington Hilton, ha endurecido su discurso al señalar que el móvil del ataque tiene raíces religiosas profundas.
En una intervención para Fox News, el mandatario aseguró que el sospechoso, Cole Tomas Allen, de 31 años, dejó constancia de un «odio fuerte y anticristiano» en un manifiesto recuperado por las autoridades. Trump describió al agresor como un individuo altamente "problemático" cuya propia familia en Los Ángeles conocía sus inclinaciones violentas, sugiriendo que una denuncia previa podría haber evitado el incidente en la capital.
Pese a la contundencia del mandatario, el fiscal general interino, Todd Blanche, ha optado por la cautela técnica. Aunque confirmó a la cadena NBC que Allen viajó desde California con el objetivo de atentar contra el gabinete, la investigación sobre sus dispositivos electrónicos sigue en fase preliminar.
El sospechoso, quien se encuentra bajo custodia hospitalaria, se ha negado a colaborar con los interrogadores federales, manteniendo el misterio sobre la planificación de un viaje que incluyó una escala estratégica en Chicago antes de alojarse en el epicentro del evento.
"Pensé que era una bandeja": la noche de Melania y el gabinete
La tranquilidad de la cena de gala se rompió con tres detonaciones que el Servicio Secreto neutralizó en los pasillos del hotel. Trump confesó en el programa 60 Minutos de CBS que, inicialmente, confundió los disparos con el ruido de una bandeja al caer.
Sin embargo, destacó la fortaleza de la primera dama, Melania Trump, quien identificó el peligro de inmediato. "Ella se dio cuenta de que era una bala", explicó el republicano, elogiando la compostura de su esposa frente a una situación de riesgo extremo que obligó a una evacuación abrupta de centenares de asistentes, incluyendo al vicepresidente JD Vance.
El momento de mayor tensión mediática ocurrió durante la entrevista con la periodista Norah O’Donnell, cuando esta leyó fragmentos del manifiesto donde Allen tildaba al presidente de "traidor".
Trump reaccionó con visible molestia, calificando el escrito como "basura de una persona enferma" y desvinculándose tajantemente de cualquier acusación leída por la reportera.
El mandatario insistió en que ha sido exonerado de cualquier narrativa externa, centrando el foco en la inestabilidad mental del atacante neutralizado por el Servicio Secreto.
Tres atentados en dos años: una cifra sin precedentes
Este incidente eleva a tres el número de intentos de magnicidio o ataques directos contra Trump en un período de solo dos años, un registro que no se veía en la política estadounidense desde hace casi dos siglos, según recoge EFE.
Desde el impacto de bala en su oreja derecha en Butler (Pensilvania) en julio de 2024, hasta el fusil interceptado en su club de golf en Florida dos meses después, la seguridad del líder republicano se ha convertido en una prioridad nacional crítica que desafía los protocolos convencionales de protección.
Este patrón de violencia política refleja una polarización extrema que el Servicio Secreto intenta contener. La efectividad de los chalecos antibalas y la rapidez de los agentes en el Hilton evitaron una tragedia mayor, especialmente después de que un miembro de la seguridad presidencial fuera alcanzado a quemarropa por la potente arma de Allen.
La neutralización del "lobo solitario" en los pasillos del hotel confirma que, aunque el perímetro exterior fue vulnerado, la respuesta táctica interna funcionó con precisión quirúrgica.
Con información de EFE


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