
EEUU, Dinamarca y Groenlandia: el nuevo pulso geopolítico tras Venezuela

La captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero en Venezuela por un operativo de Estados Unidos (EEUU) sin respaldo internacional ha generado un efecto dominó en la política global. En Dinamarca, el episodio ha despertado un temor latente: que Groenlandia, territorio estratégico en el Ártico, pueda convertirse en el próximo objetivo de Washington.
Aunque no existe una amenaza inmediata desde la Casa Blanca, el precedente resulta inquietante. Un presidente estadounidense que cumple lo que anuncia ha encendido las alarmas en Copenhague, donde se teme que la isla más grande del mundo pueda ser objeto de una anexión o de una presión política sin precedentes.
Dinamarca no es enemiga de Estados Unidos. Al contrario, ha sido uno de sus socios más fieles en la OTAN durante más de ocho décadas, enviando tropas y apoyando operaciones internacionales.
Sin embargo, esa confianza histórica se tambalea ante la posibilidad de que Washington recurra a la fuerza o a la coerción para expandir su influencia en el Ártico.
La primera ministra Mette Frederiksen mantiene un tono prudente, pero en su gabinete preocupa que un error de cálculo pueda desencadenar un conflicto diplomático mayor.
El temor no es solo militar, sino también político: que el país pierda capacidad de decisión sobre un territorio clave para su soberanía.
Estrategia de diálogo
La respuesta danesa pasa por abrir canales de comunicación con los sectores más moderados del equipo del presidente de EEUU, Donald Trump. Entre ellos, el secretario de Estado Marco Rubio, que ha aceptado reunirse con representantes daneses en los próximos días.
Copenhague baraja varias opciones: reforzar la cooperación económica en minería y seguridad, renegociar el acuerdo militar que regula la presencia estadounidense en la base de Pituffik, o incluso ofrecer concesiones pactadas para evitar un escenario extremo.
Los diplomáticos reconocen que un gesto de colaboración podría aliviar tensiones, pero admiten que si la anexión se convierte en un objetivo político o simbólico para Washington, la estrategia de apaciguamiento podría no ser suficiente.
Impacto interno
El efecto emocional en Dinamarca es profundo. Durante décadas, Estados Unidos fue percibido como garante de libertad y estabilidad. Hoy, esa percepción se resquebraja.
Expertos del Instituto Danés de Estudios Internacionales hablan de una “ruptura psicológica” con uno de los pilares del relato nacional del siglo XX.
El giro ha impulsado al país a reforzar su integración europea, superando un euroescepticismo histórico. Bruselas, antes vista como socio secundario, se ha convertido en refugio político frente a la imprevisibilidad estadounidense.
Groenlandia, pieza codiciada
La isla cuenta con amplia autonomía y un movimiento proindependencia creciente. Sin embargo, el 85% de la población rechaza una anexión estadounidense, según los últimos sondeos. Washington ha intentado seducir a ciertos sectores con promesas de inversión, pero sin éxito.
En el pasado, Trump llegó a plantear abiertamente la compra de Groenlandia, propuesta que fue recibida con indignación en Copenhague y Nuuk. Tras el precedente venezolano, el temor es que el próximo paso no sea una oferta, sino un hecho consumado.
Escenarios posibles
Los analistas advierten que, ante una acción unilateral de Estados Unidos, la capacidad de respuesta danesa o europea sería mínima. La presencia militar de la OTAN en la zona, incluida la base estadounidense en Groenlandia, complicaría cualquier reacción, de acuerdo con la publicación de Mundiario.
Un movimiento rápido con fuerzas especiales podría tomar el control de la capital sin grandes despliegues, en un escenario más parecido a la anexión de Crimea en 2014 que a la operación en Caracas.
La vía más comentada en círculos diplomáticos consiste en ofrecer a Washington una ampliación pactada de su presencia militar y acceso a minerales estratégicos, a cambio de respetar la soberanía danesa. Pero nadie sabe si Trump aceptaría un acuerdo que no implique control directo de la isla.
Mientras tanto, Dinamarca sostiene la respiración. Europa, atrapada entre una Rusia agresiva y un Estados Unidos impredecible, observa con creciente inquietud cómo Groenlandia vuelve a ser la pieza más codiciada del tablero geopolítico global.
Con información de Mundiario


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