
Llerena: el imponente refugio mudéjar de Badajoz marcado por la Inquisición

El municipio de Llerena, ubicado en la comarca pacense de la Campiña Sur y muy próximo a los límites provinciales de Sevilla y Córdoba, constituye uno de los complejos monumentales más singulares de Extremadura.
Según los datos demográficos oficiales recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la localidad cuenta con una población de 5.642 habitantes y ejerce como cabeza del partido judicial homónimo.
Su estructura urbana actual destaca por un blanco caserío que esconde un pasado de notable influencia política, militar y religiosa en la península ibérica.
La actual fisonomía de su casco histórico es el resultado directo de su evolución tras la reconquista cristiana del siglo XIII. Tal como detalla el portal oficial de turismo Spain.info, la antigua población musulmana, conocida entonces como Ellerina, experimentó un despegue cultural y constructivo de gran relevancia al convertirse en la residencia oficial de los Maestres de la Orden de Santiago.
El asentamiento de estos caballeros impulsó una arquitectura defensiva, civil y religiosa que consolidó a la villa como un núcleo estratégico fundamental en el suroeste peninsular.
El peso histórico del Santo Oficio y su legado arquitectónico
La relevancia de Llerena aumentó de forma considerable a partir de 1508, año en el que se estableció el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.
Los registros históricos publicados por la revista especializada National Geographic constatan que esta jurisdicción se convirtió en la tercera más grande de España por extensión territorial.
La implantación de esta institución judicial y religiosa transformó la convivencia social de la comarca, dejando una huella de temor debido a sus campañas de persecución, pero dinamizando simultáneamente la edificación de sedes administrativas estables.
Esta etapa de centralización institucional propició que la localidad alcanzara su máximo esplendor demográfico a finales del siglo XVI, cuando se posicionó como la segunda ciudad más habitada de Extremadura, solo por detrás de Badajoz.
El poder del tribunal se distribuyó de forma sucesiva en tres espacios señoriales que todavía configuran el trazado urbano: el Palacio Prioral, la Casa Maestral de la calle Cárcel y el Palacio de los Zapata, este último utilizado de manera activa hasta la abolición definitiva del tribunal en el año 1834.
Fusión de estilos artísticos en las calles de la villa
La riqueza patrimonial de la villa se caracteriza por la perfecta integración de corrientes artísticas dispares. Los artesanos locales combinaron las técnicas del gótico-mudéjar con la ornamentación barroca, esta última financiada en gran medida por las fortunas procedentes de América durante el período de la conquista.
El centro neurálgico de este despliegue es la Plaza de España, un espacio porticado que alberga la Iglesia de Nuestra Señora de la Granada. La fachada de este templo presenta un primer nivel barroco y un segundo cuerpo con galerías de arcos de medio punto puramente mudéjares.
El recorrido civil por sus calles empedradas permite observar edificios emblemáticos restaurados con fines institucionales y divulgativos.
El Palacio de los Zapata funciona hoy en día como sede del Palacio de Justicia, conservando su patio central a pesar de los destrozos sufridos durante la Guerra de la Independencia en el siglo XIX.
Por su parte, el antiguo Palacio Episcopal alberga el Museo de Llerena, donde se exponen herramientas de medición tradicionales, diseños arquitectónicos religiosos y grabados que narran el impacto del Santo Oficio en la comarca.
Identidad gastronómica y entorno geográfico
La oferta cultural de Llerena se complementa de forma directa con una tradición culinaria fuertemente vinculada a los recursos ganaderos de la dehesa extremeña.
La producción local se fundamenta de manera prioritaria en la cría del cordero, un ingrediente central en los guisos y asados que configuran el recetario tradicional de la comarca.
Esta cocina de pastoreo incluye platos típicos como las sopas doradas, las variantes de migas molineras sazonadas con cominos y guindas, y elaboraciones de caza menor como la liebre estofada o las perdices con salvia.




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