El Charco Azul de Chulilla: la espectacular piscina natural oculta en Valencia

Este oasis fluvial, ubicado en el Paraje Natural Municipal Los Calderones, destaca por sus imponentes cañones de 100 metros de altura y un sendero lineal apto para el turismo familiar
Cultura y Ocio Camila Vera
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Más allá de sus famosas playas, la Comunitat Valenciana esconde un secreto de agua dulce y roca vertical. Se trata del Charco Azul, un espectacular remanso fluvial esculpido por el río Turia en Chulilla que redefine por completo el concepto de turismo de interior.

Este paraje, encajonado entre paredes rocosas verticales que alcanzan los 100 metros de elevación, combina la riqueza medioambiental con el aprovechamiento hídrico histórico.

La zona se encuentra integrada dentro del Paraje Natural Municipal Los Calderones, consolidándose como un punto de gran interés para el senderismo y las actividades recreativas estivales en la provincia.

El sendero local y las características del recorrido

El acceso hasta este enclave se realiza de forma cómoda a través de una ruta señalizada que parte desde el núcleo urbano de la localidad.

Según las guías publicadas por National Geographic, el itinerario homologado como sendero local (SL 74) inicia su recorrido en la Plaza de la Baronía. La caminata exige completar una distancia aproximada de 3,6 kilómetros en un trayecto de ida y vuelta que suele requerir algo más de dos horas de marcha.

A pesar de tratarse de un camino asequible y recomendado para el público familiar, el terreno presenta un desnivel acumulado de 220 metros que se distribuye primero en fase de descenso hacia el cauce y, posteriormente, en sentido ascendente para retornar al pueblo.

Los registros de portales especializados como Valencia Secreta apuntan que la travesía cuenta con pasarelas de madera y pequeños puentes acondicionados que facilitan el tránsito sobre la corriente, además de permitir la observación de formaciones geológicas singulares como la estructura rocosa conocida popularmente bajo el nombre de “El Arco”.

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Origen histórico y regulaciones de seguridad 

Durante el período de ocupación árabe, los pobladores levantaron una infraestructura rústica de contención en el estrecho del desfiladero con el objetivo de encauzar el caudal del río Turia hacia las zonas agrícolas colindantes. 

Este tipo de presas tradicionales recibían el nombre técnico de "azud", motivo por el cual el área comenzó a ser documentada históricamente como "El Charco del Azud", evolución lingüística que derivó en el topónimo turístico empleado hoy en día.

En lo que respecta al uso recreativo de las aguas, las normativas locales vigentes permiten el baño público, aunque bajo condiciones estrictas de seguridad.

Tal y como detalla la información de El Confidencial, los usuarios tienen la obligación legal de mantener una distancia de seguridad superior a los 200 metros respecto a la antigua presa para prevenir accidentes derivados de las corrientes.

Uno de los puntos de mayor afluencia y registro fotográfico es el embarcadero de madera, una plataforma fija que se introduce levemente en el agua y sirve como mirador hacia el cañón.

La red de senderos de la zona permite conectar esta experiencia con otras rutas próximas de gran demanda, como la clásica senda de los Puentes Colgantes o el camino de los Calderones.

Asimismo, la cercanía con otros términos municipales de interés histórico, como Chelva y su conocida Ruta del Agua, configura un corredor idóneo para el turismo sostenible y la desconexión en entornos naturales protegidos.

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