El destino del cuerpo humano tras la muerte, según Neil deGrasse Tyson

El astrofísico Neil deGrasse Tyson analiza desde una perspectiva estrictamente científica los efectos de la inhumación y los viajes interestelares de la incineración
Actualidad Sala de redacción
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El destino final de los restos humanos ha dejado de ser una cuestión exclusivamente espiritual para convertirse en un objeto de análisis termodinámico. El astrofísico y divulgador científico estadounidense Neil deGrasse Tyson ha abordado el debate sobre los métodos funerarios centrándose en la transformación de la materia.

Durante una intervención en su programa de divulgación StarTalk, el científico planteó una llamativa cronología cósmica para quienes eligen la incineración: dado que la energía liberada se transforma en calor y se emite al espacio exterior como radiación infrarroja a la velocidad de la luz, "si fuiste incinerado hace cuatro años, tu energía ya habría llegado al sistema estelar más cercano, Alfa Centauri".

Este planteamiento se difunde en un momento de transformación social profunda en Occidente. En España, el debate entre la inhumación y la incineración ha alcanzado un punto de inflexión histórico; según los indicadores de la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (Panasef), las cremaciones ya representan el 50,11% del total de los servicios, superando por primera vez a los entierros tradicionales. 

Esta tendencia al alza, que se replica con valores similares en Estados Unidos, es la que ha motivado a DeGrasse Tyson a desglosar los procesos físicos subyacentes en cada opción, recurriendo a su habitual capacidad para traducir dinámicas biológicas y físicas complejas en conceptos comprensibles para el gran público.

A pesar del atractivo Interestelar que rodea a la incineración, el divulgador científico defendió de manera explícita su preferencia personal por el entierro convencional, argumentando razones de equilibrio ecológico.

“Al morir tienes básicamente dos opciones en la sociedad moderna”, argumentó Tyson, aclarando que la inhumación constituye su elección personal debido a que permite que el contenido energético acumulado a lo largo de una vida de alimentación y desarrollo celular regrese de forma directa al suelo.

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Desde esta óptica, los tejidos y órganos remanentes conservan un potencial calórico que debe ser reintegrado al entorno natural.

La muerte se define así como una fase de transición estrictamente material donde los componentes orgánicos se reciclan. Tyson sostiene que la descomposición biológica permite que los microorganismos, junto con la flora y la fauna locales, absorban de forma eficiente los nutrientes del cuerpo.

"De esa manera, devuelvo algo a la Tierra", puntualizó el científico, equiparando este cierre biológico al consumo de recursos que el propio ser humano ejerce durante su existencia. Esta visión materialista del deceso ignora los tabúes tradicionales, si bien la velocidad del proceso puede verse ralentizada por la aplicación de compuestos químicos de conservación.

El auge de la cremación en la última década responde no solo a factores económicos y de espacio en los cementerios urbanos, sino también a un cambio cultural en el que las familias buscan rituales desprovistos de la carga litúrgica tradicional, priorizando la practicidad logística.

La alternativa de la incineración desplaza este retorno terrestre hacia un escenario de dispersión electromagnética. De acuerdo con el análisis de Tyson, la energía molecular no se destruye en el horno crematorio, sino que experimenta una transferencia directa hacia el espectro térmico.

Esta radiación residual se proyecta de manera ininterrumpida hacia el vacío cósmico, permitiendo que el individuo continúe integrado en el entramado del universo bajo una configuración física totalmente nueva.

La propuesta del astrofísico transforma el duelo en un fenómeno de expansión cósmica medible a través del tiempo y la distancia astronómica.

Con información de El Confidencial 

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