Oporto: un viaje al origen de Portugal, arquitectura y la cultura del vino

Caminar por las calles de Oporto es recorrer las raíces de la nación. Un itinerario esencial por el Centro Histórico, sus monumentos emblemáticos y la tradición enológica del Duero
Cultura y Ocio Camila Vera
Vista panorámica de Oporto con el río Duero y el Puente Don Luis I al atardecer
Vista panorámica de Oporto con el río Duero y el Puente Don Luis I al atardecer

Recorrer las empinadas calles de Oporto es, literalmente, caminar por las raíces de toda una nación. Fue aquí, en la antigua desembocadura del río Duero, donde el asentamiento romano de Portus Cale terminó por dar nombre a Portugal.

La experiencia combina un marcado contraste sensorial: mientras el murmullo constante y el colorido de las fachadas del barrio de Cais da Ribeira animan la ribera, el aire transporta el característico aroma a vino envejecido que cruza desde la orilla opuesta.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996, el centro histórico de la segunda ciudad más poblada del país —con unos 231.800 habitantes en su municipio— sintetiza siglos de arquitectura monumental y tradición marinera.

Tesoros arquitectónicos y arte en piedra y barroco

El patrimonio monumental de la urbe alberga joyas de valor excepcional. La Catedral de Oporto (Sé do Porto), una estructura fortificada del siglo XII de origen románico con posteriores adiciones góticas y barrocas, domina las alturas de la ciudad.

A poca distancia, la Iglesia de San Francisco deslumbra en su interior por la profusión de su talla dorada barroca, recubierta en pan de oro.

En la arquitectura civil destaca el Palacio de la Bolsa, iniciado en 1842 como sede de la Asociación Comercial, cuyo máximo exponente es el Salón Árabe, inspirado en la Alhambra de Granada.

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Para contemplar la urbe en toda su magnitud, la icónica Torre de los Clérigos, proyectada por el italiano Nicolau Nasoni en el siglo XVIII, se eleva a más de 75 metros tras superar sus 225 escalones, según la guía histórica de National Geographic Viajes.

La iconografía del azulejo y el legado del vino

La identidad visual portuguesa alcanza su cima en la Estación de San Bento (Estação de São Bento), cuyo vestíbulo principal exhibe más de 20.000 azulejos pintados por Jorge Colaço que relatan episodios clave de la historia nacional. La oferta cultural se completa con la famosa Librería Lello (Livraria Lello), célebre por su arquitectura neogótica y su escalera esculpida en hormigón.

El paisaje urbano no puede entenderse sin sus infraestructuras sobre el río Duero. El majestuoso Puente Don Luis I, proyectado por Théophile Seyrig —socio de Gustave Eiffel— e inaugurado en 1886, conecta la ciudad con Vila Nova de Gaia, epicentro de las grandes bodegas de vino de Oporto.

Sobre las aguas del río aún navegan los tradicionales rabelos, embarcaciones de madera de fondo plano que históricamente transportaban las barricas desde el Alto Duero, completando un mosaico donde historia, cultura y gastronomía convergen a diario, tal como reseña el itinerario de ¡Hola! Viajes.

Para culminar este viaje por la segunda ciudad de Portugal, el visitante comprende que Oporto no se descubre de forma apresurada, sino asimilando su melancólico encanto paso a paso.

Desde la facilidad de conexión que otorga el Aeropuerto Francisco Sá Carneiro y su moderna red de metro, hasta la calma contemplativa que regalan los Jardines del Palacio de Cristal con sus vistas panorámicas, la urbe invita a detener el tiempo. 

Despedirse de sus calles, saboreando una tradicional francesinha o contemplando el atardecer sobre el Duero, es sellar una promesa tácita de retorno a un destino inolvidable.

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