
Así es la peligrosa «carretera de la muerte» en Bolivia

Hay rutas que ponen a prueba los nervios de cualquier conductor, pero pocas alcanzan el nivel extremo de la conocida como «carretera de la muerte». Se trata de la North Yungas Road, una antigua vía situada en Bolivia que se ha ganado a pulso su trágica fama internacional debido a sus vertiginosos precipicios, sus curvas imposibles y la total ausencia de elementos de protección en gran parte de su trazado.
Esta histórica ruta de montaña recorre aproximadamente 64 kilómetros conectando La Cumbre, situada en las altas cumbres de los Andes bolivianos, con la localidad de Yolosa, ubicada en la región de los Yungas.
A lo largo del trayecto, el camino desciende miles de metros serpenteando entre escarpadas montañas y enfrentándose a unas condiciones meteorológicas muy adversas, donde las constantes lluvias embarran la calzada y reducen la adherencia, mientras la espesa niebla limita drásticamente la visibilidad.
Un trágico historial y abismos de 600 metros
Durante sus años de mayor actividad y peligrosidad, los registros oficiales e históricos estimaron que esta ruta llegó a cobrarse entre 200 y 300 vidas al año, un reguero de muertes que consolidó su infame reputación.
El reconocimiento global definitivo llegó en 1995, cuando el Banco Interamericano de Desarrollo la bautizó formalmente como «la carretera más peligrosa del mundo».
El peligro constante radica en las dimensiones de la vía, que cuenta con apenas 3,2 metros de ancho en muchos de sus tramos, discurriendo encajada de forma milimétrica entre la pared de roca y abismos verticales que alcanzan los 600 metros de profundidad. Cualquier mínimo error de cálculo o salida de trazado puede resultar completamente fatal.
Una alternativa moderna y un nuevo atractivo turístico
La situación cambió notablemente entre los años 2006 y 2007 con la inauguración de la carretera alterna Cotapata-Santa Bárbara.
Esta nueva vía, totalmente asfaltada y dotada de modernos túneles y viaductos, relegó a un segundo plano a la ruta original, permitiendo a los transportistas y ciudadanos realizar el desplazamiento en condiciones infinitamente más seguras.
Pese a ello, la antigua carretera de la muerte no está cerrada al tráfico. Algunos tramos continúan siendo utilizados por vehículos locales, aunque su uso ha basculado radicalmente hacia el sector del ocio.
Desde la década de los 90, la ruta se ha transformado en un imán turístico para los amantes de la aventura, atrayendo especialmente a ciclistas de montaña y viajeros de todo el mundo que buscan adrenalina recorriendo sus pronunciados descensos entre paisajes tan espectaculares como intimidantes.
Con información de 20minutos


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